Navidad a la baja

A todos los hombres bajos del mundo:

Los primeros cristianos decidieron que su Mesías había sido concebido el mismo día que murió, por lo que su natalicio -9 meses después, coincidía con el solsticio de invierno. Así, comenzaron a celebrarlo el 25 de diciembre, fecha en que los romanos conmemoraban el Natalis Solis Invicti (Nacimiento del Sol Invicto) o nacimiento del dios Apolo.

También por esos días se celebraba la Saturnalia, siete días de juerga en honor a Saturno durante los cuales Roma paralizaba negocios y guerras, se intercambiaban regalos y liberaban esclavos. Algunos dicen que viene de ahí la costumbre de dar regalos en Navidad. Personalmente opino que se origina por el stock sobrante de los comerciantes judíos norteamericanos, que en la primera semana de diciembre terminan la celebración del Hanukkah  -con sus 8 días de regalos para los niños, y tenían que encontrar un nuevo público para su mercadería. No les costó mucho inventar a un viejo barrigón que viene con regalos para los niños cristianos desde el polo norte para "adelantar" la bajada de reyes, pues esos tres étnicos personajes tardaban demasiado en llegar a paso de camello.

Como sea, por estas fechas también terminan las clases escolares en este lado del mundo y especialmente los colegios religiosos organizan actuaciones de clausura alusivas a la navidad. Ese era el caso del colegio donde yo estudié, donde nos pasamos los cuatro primeros años de primaria en un área cerrada llamada "el Infantil" en la que había un personaje encargado de organizar las actividades lúdico-recreativas de nombre Otilia.

Esta señorita de acento raro pasaba el año entero haciéndonos cantar y bailar, pero gozaba particularmente organizando las actuaciones de navidad, siendo su puesta favorita "el nacimiento en vivo". Por esos años, yo era un niño entregado al mundo de las artes, participaba en casi todos los concursos, recitaba, cantaba; motivo suficiente para merecer un rol protagónico en las actuaciones de fin de año.

Pero nada es fácil para un bajito. De hecho, fui de los primeros de la fila desde el primer grado y por más orgullosa que estaba mi madre de mis "estirones", no eran nada a comparación de lo que crecía la mayoría de mis compañeros. Fue terminando el cuarto grado, el último del Infantil, cuando Otilia llamó a los más destacados"artistas" de la promoción para preparar la actuación de Navidad, entre ellos obviamente yo. Henchido de emoción aguardaba junto a los demás seleccionados la repartición de papeles.

Como ya en años anteriores me habían atrasado, decidí tomar la iniciativa y con la frente en alto me acerqué a Otilia para decirle convencido: ¡yo quiero ser San José! No puedo recordar si se le dibujó una sonrisa en el rostro, solo que me miró y dijo"no papito...(¿papito?) tú puedes ser pastorcito o querubín...San José va a ser Luchi (alto, rubio..), anda mira, coge esa canasta y párate ahí...vas a ser un lindo pastorcito...".

Claro que cualquier papel por burdo que éste sea, enorgullece a las madres y abuelas que asisten a la clausura, pero para mí el pastorcito con su canasta era casi lo mismo que salir de buey o de árbol y un evidente castigo por "no dar la talla". Gracias a Otilia hoy celebro la Saturnalia.

Saludos,
Hernán


Comentarios

  1. La señorita Otilia, de grata recordación en esta historia (¿recuerda alguno sus clases de cocina?) fue una de las dos religiosas que tuvimos en el Infantil. La otra era la coordinadora, Elisa, que pertenecía a las Teresianas. Otilia ingresó a las Religiosas de María Inmaculada.

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