La puerta sin llave

A todos los hombres bajos del mundo:

Don Custodio Vento, mi bisabuelo, fue uno de los hombres más respetados del pueblo de Canta en su época, recio como pocos, padre de doce hijos y descendiente directo del Coronel Manuel Encarnación Vento, héroe de Sángrar (Combate de Sángrar, Guerra del Pacífico, 26 de junio de 1881). Una figura sin duda.

Pero don Custodio fue también uno de los principales responsables de la estatura familiar. Dicen los cronistas que medía poco más de 1.50 m, por lo que se puede inferir que impregnó esos genes dominantes en toda su descendencia cumpliendo fielmente las leyes que Gregor Mendel postuló en 1866. En otras palabras, soy chato por culpa del bisabuelo y seguramente la de algunos de más arriba también.

En las reuniones familiares se cuenta una historia de los tiempos de Custodio respecto a la visita de una delegación de expertos a los que el Gobierno de turno había encargado la construcción de la primera carretera Lima-Canta. Entre los egregios profesionales destacaba por su estatura superior al 1.90m, un ingeniero norteamericano de apellido Key Crock, a quien el pueblo en su infinita sapiencia rebautizó como "el gringo OK".

Según correspondía a las principales familias del pueblo, el bisabuelo recibió a la delegación en su casa, ubicada a pocos metros de la Plaza de Armas. Don Custodio la había construido acorde con sus necesidades: muy amplia, con varias habitaciones, paredes anchas, una cocina apartada donde el fogón permanecía siempre encendido y un inmenso comedor. Lo único particular era que las dimensiones de algunas puertas no necesariamente respetaban el estándar de edificación, pues resultaban pequeñas para el común de los mortales, especialmente la que conectaba la sala principal con el comedor.

El hecho es que don Custodio ofreció un ágape a la delegación -banda de música incluida, seguido de la tradicional "pachamanca" (de los vocablos quechuas pacha -tierra y manka -olla: carne cocinada en un agujero en la tierra revestido con piedras calientes). Cuando los piscos, la madre tierra y los más de 2,800 m.s.n.m. hicieron lo suyo, se invitó a los presentes a pasar al comedor. Para ese momento, el gringo OK ya estaba entregado a los encantos del pueblo y su rubia cabellera lucía alborotada por los huaynos bailados y las copas consumidas. El llamado del hambre seguramente fue aterrador porque el pobre señor corrió hacia el comedor sin advertir que la puerta de Custodio lo obligaba a pasar casi a gatas, metiéndose tal "frentazo" en el dintel que su alargada humanidad cayó inconsciente en medio del salón acompañado por notas disonantes de la banda y gritos de pánico de las damas presentes.

El resto de la historia se perdió en el tiempo. La casa de don Custodio sin embargo sigue en pie desafiando los años y varias generaciones hemos pasado agradables momentos en ella. Pero no hay visita que le hagamos en la que no se rememore la historia del gringo OK al pie de la minúscula puerta, imaginando su caída y el momento tragicómico vivido por los asistentes al ágape ofrecido por mi bisabuelo, un HOMBRE BAJO así, con mayúsculas.

Saludos,
Hernán







Comentarios


  1. Comento q son temas interesantes de nuestros antepasados a tomar en cuenta ya q parte de nuestra existencia es lo q heredamos.

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  2. Respuestas
    1. Muy agradecido por su comentario Sra. Raquel. Espero siga visitando el blog.

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