Un trabajo de altura

A todos los hombres bajos del mundo:

Hay lugares alrededor del planeta en los que un hombre de baja estatura se siente medianamente incluido en el ambiente. Nuestros países latinoamericanos por ejemplo, debido a su media cuidan de adaptar la infraestructura de sus servicios públicos a personas de talla no muy alta. Esto lo puedes advertir por ejemplo en los buses, metros y demás servicios de transporte, en los que si eventualmente la baranda está muy arriba, siempre encontrarás esa salvadora asa de jebe a la que te aferras como trapecista de circo.

En Japón advertí algo similar. Los impresionantes trenes tienen hasta dos niveles de barandas porque, pese a que las nuevas generaciones de japoneses alcanzan promedios de talla bastante alta, no pueden olvidar que han sido una raza de chatos, idénticos al señor Miyagui y usando "karate solo para defensa".

Pero hay algunos sitios en los que un bajo se siente totalmente perdido, un completo Gulliver en Brobdingnag (Los Viajes de Gulliver. Jonathan Swift, 1726). Holanda es uno de ellos, parece que ahí todos hubiesen sido alimentados con elástico, encima irónicamente se denominan ¡los países bajos! Mucho cuidado en el tranvía de Ámsterdam porque la baranda está a una altura similar a la del aro de basketball en cancha avalada por la NBA. Descarta también esos hermosos paseos en bicicleta que te ofrecen porque te harán pasar a la sección de niños para encontrar alguna en la que llegues a los pedales. Finalmente, no pierdas tu dinero en algún telescopio panorámico al lado de los canales a menos que tengas cerca una silla sobre la cual pararte para tener un ángulo de visión "normal".

Rusia podría ser otro de esos ejemplos. A la última Copa Mundial de la FIFA 2018, los peruanos llegamos por miles pues nuestro equipo regresaba a esta justa deportiva después de más de tres décadas. Contrariamente a lo que imaginé, por las calles de sus principales ciudades no te sientes caminando en un bosque de secuoyas sobretodo porque las mujeres rusas no son en promedio muy altas, aunque sí muy hermosas. No obstante, los organizadores del evento cuidaron de seleccionar a los guardias de seguridad que vigilarían el acceso a los estadios de entre los dobles del ruso aquél que peleó con Rocky en una de las tantas entregas de la secuela. Así, en el primer partido que jugaba nuestra selección -sede Saransk, tuvimos que sortear vallas, scanners y detectores hasta el momento cumbre en el que te enfrentabas cuerpo a cuerpo contra un guardia que, cuidadosamente enfundado en guantes quirúrgicos, te esperaba para una "revisión profunda".

A mí por un momento la euforia del partido se me pasó al ver que al compatriota de adelante, el "Ivan Drago"lo toqueteaba por absolutamente todo el cuerpo, incluso con largo énfasis en las partes de mayor temperatura. Pensé en huir, pero ya no había nada qué hacer, el sujeto me miraba desde lo alto mostrando las manos como si estuviera rezando un Padrenuestro y, aunque no entendía absolutamente nada, era claro que decía algo como "ven acá peruanito, veremos qué llevas escondido". Pero aquí apareció la ventaja de ser chato. Al parecer debido a su altura la posición que el ruso tenía que adoptar para poder revisarme le resultaba muy incómoda, por ello su hurgamiento entre mis partes nobles fue breve.

Después del incómodo momento, sentí lástima por todos esos gigantescos rusos contratados para acariciar los genitales de millones de hinchas llegados de todo el mundo y agradecí que para ese tipo de trabajos NO SE ACEPTAN CHATOS.

Saludos,
Hernán













Comentarios

  1. Me parece muy interesante... A veces se pierde y a veces se gana

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